De Luz a Tiniebla
lunes, 18 de febrero de 2013
Introducción
Lo que voy a relatar pasó hace ya largos años, década quizás, en esta larga vida mía se confunden los años con suspiros.
En ese entonces yo no sabia de vicios ni de humanos más que en las historias, casi de terror, que me contaban mis mayores junto con las continuas advertencias de que nunca, bajo ningun motivo, nos alejaramos de las profundidades del bosque hasta la vecina ciudad de Istenat, un mundo ruidoso y sombrio en que pupulaban los humanos y otras criaturas mas oscuras, la peor de ellas, el vampiro, la raza malévola que se alimentaba de sangre ajena.
Mi nombre no era Misae, que en mi lengua natal significa "puñal", si no que era Eras, que significa "dignidad". Naci en una familia de grandes entre los elfos, mi padre, ya muy anciano a mi nacimiento era patriarca entre los míos, mis muchos hermanos eran destacados guerreros, artistas y filosofos, y yo, la más pequeña de esta digna familia, era la consentida y el orgullo de los mios.
Pero consentida como era siempre fui un poco revelde, sabedora como era, de que mis pequeñas maldades siempre eran perdonadas con un bello gesto, era la que subía a los árboles mas altos, la que al cazar buscaba al animal mas fiero.
Mi apariencia era otra, mis cabellos eran tan rubios que parecian oro blanco, mi piel era blanca, sin ser enfermiza, y mis ojos verdes como el verde intenso de las hojas del boldo.
Un dia cuando yo ya comenzaba mi segundo siglo, apenas una adolescente entre los mios, decidí correr el mayor riesgo posible, desafiar la más importantes de nuestras reglas: nunca, jamás, acercarnos a la ciudad humana.
Me aleje de mi aldea pasado el medio día mientras todo era reposo tras la hora de comida y recorrí los estensos kilometros de bosque que me separaban de ella. el recorrido esta grabado a fuego en mi mente como el ultimo paseo que di sin miedo. Nunca lo habia conocido, para mi los sombrios senderos de esa tierra me daban una sensacióin de acogida, sin misterios, conocía cada rama, cada árbol, los animales tanto grandes como pequeños.Conocia al Roble Viejo, a la mitad del bosque y al milenario alerce siempre compañero de mi especie, a la chichilla, pequeña y peluda y al feroz puma.Y a nada temia.
La vista de la ciudad humana me sobresaltó, me encandiló y me dejó extática en su contemplación. Nunca había visto hasta ese entonces el aire gris, ni las altas contrucciones que superaban a los árboles, ni el piso muerto y frio del concreto.Tampoco habia visto a un humano, tan parecido y tan diferente a los nuestros, fisicamente solo variabamos en la estatura, un poco menor y la forma de las orejas y ojos, pero en lo demás. ¿quién podia vivir rodeado de basura y olores francamente repugnantes, con ese aire tóxico y con los pies tan cubiertos que no podían sentir la tierra, que al caminar miraban hacia abajo y no tenían sonrisas en sus rostros, porque con ansias destruían su propio sistema.
Luego de bajar a la ciudad un par de horas subi a una de las colinas que la rodean y desde ahi me quede viendo el espetáculo increible del atardecer, pues nunca habia visto un lugar que de noche ocultara cualquier fealdad, sorprendida hastaa lo mas profundo vi el milagro de la electricidad convertir esa ciudad esteril en un baile de luciérnagas, pero tan extasiada estaba que no sentí a la criatura que me seguía, ni reaccioné a su cercanía, sólo de pronto sentí contra mi garganta sus filosos dientes y el drenar de mi sangre, luché, mas no tenia fueza suficiente, luego de pocos pero eternos minutos caí en la inconciencia.
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